miércoles, 18 de marzo de 2009

UN ULTIMO COMENTARIO...


Tratar de describir Estambul es una tarea descomunal el intento de capturar el espectáculo de la ciudad de un golpe es una auténtica acrobacia visual.
Estambul está delante, detrás, a los lados, al fondo, blandiendo sus minaretes hacia el cielo. Sobre todo, está en torno del agua, fundiéndose con ella en la gran avenida acuática del Bósforo. Vistas desde el trasbordador, las orillas son una interminable orla de fastuosos palacios,edificios oficiales, mercados mezquitas, parques y embarcaderos, y las enormes moles de los puentes de Gálata.

«Si hubiera que elegir una ciudad como capital de Europa, esa sería Estambul, la antigua Constantinopla», dijo Napoleón hace dos siglos.

Pasada la admiracion del paisaje, lo primero que choca es la cantidad de gente que se mueve en la ciudad. Desde el amanecer hasta la madrugada, sus calles son un hormiguero humano, todos caminando muy aprisa como si al frenar el paso fueran a esfumarse sus sueños...
La ciudad lleva miles de años acomodándose al paso de gentes de todas las razas y condiciones. ¿Qué otra urbe del mundo puede presumir de haber sido capital de tres imperios –romano, bizantino, otomano– y sobrevivido a ellos?

Su historia tambien es fascinante pero quizá más que en la historia el espíritu de Estambul pervive en el día a día de sus gentes y las huellas que deja en los sentidos. Está en el aroma de los tés de manzana que ofrecen gratuitamente en tiendas y bazares; en las llamadas a la oración de los muecines entremezcladas con la música tecno que emana de discotecas y boutiques; en el aroma de especias y de doner kebab asándose en cada esquina; en el tráfico caótico y los cláxones impenitentes; en los pulidísimos puestos de pescado ribereños; en los regateos inacabables de las tiendas; en los antiguos barrios que huelen a una negligencia de siglos.

Que seguir explicando...!hay que verla!


Anedoctas para terminar...

Era muy frecuente que los sultanes tuvieran hijos con más de una mujer, al morir el sultán, era muy frecuente que hubiera ciertas tensiones sucesorias, con los distintos partidos de la corte agrupados en torno a las distintas favoritas del sultán (madres a su vez de candidatos al trono). Una vez que se imponía un candidato, éste, para evitar ser sustituido por alguno de sus hermanastros (o hermanos, que todo podía pasar) solía eliminar a todos sus hermanos. En algunos casos, la comitiva fúnebre del sultán “saliente” iba acompañada por los cadáveres de los hermanos (a veces, hasta 15 ó 20) del sultán “entrante”. Mehmet III fue especialmente cruel al mandar asesinar a sus 19 hermanos (algunos con edades inferiores a los 4 años) al ser entronizado.
Curiosamente, el primer sultán que no practicó el “fratricidio” fue depuesto, ejecutado y sustituido por uno de sus parientes no asesinados por él al morir su progenitor común. Este sultán fue Osmán II.

Los turcos son expertos en resurrecciones. Varias veces a lo largo de la historia, cuando todo el mundo los creía muertos y enterrados, han sido capaces de asombrar (y en el caso de Europa) asustar al mundo. Es sabido que sitiaron Viena en dos ocasiones (1529 y 1683), ambas infructuosamente. En la primera estaban en el apogeo de su poder, con el Sultán Solimán el Magnífico al frente del imperio, pero en la segunda ocasión estaban bastante disminuidos, ya que habían perdido varias batallas muy significativas frente a rusos y españoles (entre otros) además de haber sufrido las cada vez más frecuentes revueltas de los jenízaros (leventiscos como pocos cuerpos de élite a lo largo de la historia). Por otro lado, tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, cuando nadie daba un duro por ellos, sufrieron una invasión griega, que buscaba venganza por los siglos de ocupación turca en Grecia. Finalmente, los griegos fueron derrotados por el ejército turco liderado por Ataturk.

Poema Desde la Torre Gálata

Contempla allá esa luz
que hacia el poniente es sangre.
Esa luz que parece inventarse la ciudad
en sus atardeceres. Distinta cada día,
contémplala desde aquí y mira cómo asciende
desde la urbe que la sueña,
mientras se van haciendo eternos los perfiles
de cúpulas y de minaretes.
Quisiera el alma retener para siempre
este latido vivo que llega de la entraña
de la ciudad, este pálpito,
este rumor infinito de voces
que se mezclan y se contradicen.
Azota el viento el rostro y guarda el ojo
su lágrima penúltima
para gozar la acuosa imagen del milagro.
Por el Cuerno de Oro van mis sueños
que solté desde aquí, desde la Torre Gálata,
como un puñado de palomas.

José Lupiáñez


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